viernes, 17 de febrero de 2017

Carta de las "Yegüitas K"

Querido Silvio:

“Ojalá” pudiéramos expresarte lo que significa para nosotras escribirte esta carta. Somos un grupo de “Mujeres” de Buenos Aires, Argentina, que nos reunimos a partir del 10 de Diciembre del 2015 en las Plazas del Pueblo buscando una respuesta al desembarco del cruel neoliberalismo, otra vez, en nuestra querida Patria.

Vinieron meses muy duros y el hambre y la desocupación fueron el pan cotidiano con el que nos desayunábamos cada mañana. Las fábricas dejaron de producir, los Planes y Programas de gobierno pensados para la población más vulnerable empezaron a desaparecer y el aumento del costo de vida y la inflación, nuevamente el flagelo por demás conocido por nuestro Pueblo.

“El necio” discurso macrista nos impone las pautas: Ya no más desarrollo económico, sino equilibrio fiscal. Ya no más distribución de renta, sino concentración en manos de los más competentes. Ya no más derecho, sino concurrencia en el mercado. Nunca más Estado, sino empresas.

Pero  estas “Mujeres” estudiantes, obreras, trabajadoras del arte y profesionales de distintas disciplinas entendimos que unidas y  en Lucha, nuestro corazón volvía a palpitar desde la esperanza. Y nos dijimos: “vamos a andar”.“La era está pariendo un corazón” fue nuestro himno, y así empezamos a construir un espacio de reflexión, de formación y de acción como forma de resistencia y de ofensiva ante semejante ataque.

Gracias al liderazgo de dirigentes como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa nuestra querida América latina reinició los procesos de integración regional, trabajando para revertir las fuertes tendencias a la desigualdad social y al aumento de la pobreza y la miseria en el mundo. Y “eternamente” nuestro faro siempre se mantuvo iluminado por esa isla pequeña, que con su dignidad y su enorme entereza, nos recuerdan que todo es posible, que Fidel y el Che vivirán….”por quien merece amor”.

E inspiradas en tu prolífera  creación nos surgió la pregunta inevitable: “y que hago ahora”

Y la respuesta fue Trabajar arduamente para difundir nuestra batalla cultural, no sólo entre aquellos que como nosotras, están enamorados del Proyecto Nacional y Popular sino también abriéndonos  a los que tengan ganas de escuchar y puedan aportar otra mirada y así poder debatir y crear un canal de intercambio y un crecimiento mutuo .Así nació nuestro ciclo de charlas, y después vino el trabajo social en la Isla Maciel de la mano del Padre Paco y de los Curas en la Opción por los Pobres.

Un día Cristina Kirchner nos quiso conocer, y ahí pudimos sellar nuestro nombre de "Yegüitas K", en honor a nuestra ex presidenta, denominada "Yegua" por la gran mayoría de los medios de comunicación hegemónicos  y cipayos.

Y porque tenemos una gran preocupación por la falta y el ocultamiento de información, que solo cumple con una función de adoctrinamiento para lograr la aceptación absoluta por parte de su público y así llevar a cabo medidas que satisface sólo los intereses de grandes grupos económicos, es que decidimos escribir cartas a distintas personalidades del Mundo, que nos inspiran desde el respeto y la admiración. Es por eso que te estamos escribiendo estimadísimo Silvio.

Necesitamos que el Mundo sepa que en la Argentina nuevamente hay Presos Políticos. “El tiempo pasa” y Milagro Sala, dirigente social del Norte Argentino se encuentra presa desde hace 392 días. Esto no puede seguir pasando.

Escribirte a vos Silvio, es sentir que nuestras fronteras se derriban, que el sueño de una Patria Grande sigue de pie y que vos, el Gran Artista y referente de varias generaciones nos guíes, con tu Arte, “Hacia el porvenir”.

“Hasta la Victoria Siempre”, Compañero.

YEGÜITAS  K


Buenos Aires, Argentina.

domingo, 12 de febrero de 2017

"Mi blog es Segunda Cita"

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Desde los días de mi adolescencia, pensé que me gustaría seguir diversas profesiones. Era temprano para decidir.

Cuando escuchaba a Benny Moré, al primer  Elvis Presley, a Miguelito Cuní o a Johnny Mathis, habría querido ser cantante. Pero la naturaleza, que me dio el gusto por la música, me negó la voz para cantar.

En el Santiago de Cuba donde nací y crecí había una escuela de periodismo que llevaba el nombre de Mariano Corona Ferrer, un joven tipógrafo que se hizo periodista y fue de los primeros en lanzarse a la lucha armada en 1895 y alcanzó el grado de comandante del Ejército Libertador. Su mayor gloria fue cuando el general Antonio Maceo lo designó director de El cubano libre, periódico casi nómada del mambisado, porque radicaba lo mismo en las llanuras de Baraguá que en las márgenes de un río.

Después pensé ser abogado y hasta director de cine. No me hice periodista porque me di cuenta que la del periodista es una habilidad que se adquiere escribiendo y leyendo a los maestros sobre la base de una formación humanística. El mayor de los periodistas cubanos, nunca estudió periodismo: José Martí fue abogado y doctor en Filosofía y Letras, pero sus “Escenas norteamericanas” son ejemplo del mejor periodismo que pueda concebirse.

Al fin, estudié letras y me hice escritor y profesor. Sin embargo, los primeros trabajos que tuve fueron de periodista: la Revista Mella, Radio Reloj Nacional, la Revista Cuba. En Mella hice grandes amistades: Víctor Casaus, Carlos Quintela, Silvio Rodríguez, Norberto Fuentes. La vida se encargó de separarme de algunos y unirme más a otros. No olvido al negro Manolo Rojas, chofer de la revista entonces, con quien canté y aprendí innumerables rumbas que todavía recuerdo, porque también fui admirador de Saldiguera y Virulilla, los grandes cantores de Los Muñequitos de Matanzas.

En la revista Cuba fui secretario de redacción y tuve como jefe al más capaz de los periodistas que he conocido: Darío Carmona, un republicano español que estuvo exiliado en Chile, en Cuba y al final de su vida pudo regresar a España, después de la muerte de Franco. Después, intervine en la fundación de El Caimán Barbudo y a los viejos amigos se unieron otros: Jesús Díaz, Luis Rogelio Nogueras, Orlando Alomá, Aurelio Alonso.

Quien lea lo que escribo, aunque sea un poema de amor, advertirá que del periodista mantengo el gusto por la realidad de todos los días, por esa historia que irá a los libros pero que ahora transcurre ante nuestros ojos junto a lo menos trascendente, y mi espíritu polémico ante lo que creo que no está bien (los dogmáticos de los años setenta le pusieron el nombrete de diversionista) acaso sea la supervivencia litigante del abogado que nunca llegué a ser.

No recuerdo ahora si fue Silvio quien me invitó a colaborar en su blog. En verdad, él me pidió que prologara una lujosa edición que hizo la editorial Planeta de los textos de sus canciones. Ahí volvió a hacerse cotidiana la vieja amistad y le mandé a su blog – cuando lo tuvo: de eso hace ya unos años – los artículos con los que valoré la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y que son los que inician este libro.

Después de aquellos cantantes que admiré en mi adolescencia, Silvio Rodríguez había venido a ocupar el lugar que tuvieron ellos, sumándole un componente inesperado por aquellos tiempos: el compromiso con una revolución que los dos habíamos visto nacer y el invariable amor por la poesía.

A veces me han preguntado por qué no tengo un blog y siempre respondo que sí lo tengo: mi blog es Segunda Cita: ello se debe a que casi nunca su director y yo tenemos opiniones enfrentadas. El secreto está en esas coincidencias que fue armando la vida. Cuando Víctor Casaus, otro cómplice (generacional, ideológico y poético) me pidió que reuniera para editar lo que he escrito para Segunda Cita, imaginé que ello no alcanzaría para un libro, pero cuando Patricia Ballote Álvarez, trabajadora de los Estudios Ojalá, me hizo el invalorable favor de reunir mis colaboraciones, tuve que seleccionar las trescientas cuartillas que ahora les presento o, mejor, les presentan sus editores, Silvio Rodríguez y Víctor Casaus. Yo, Guillermo Rodríguez Rivera, apenas les hago llegar estas líneas que, como mis rodillas me lo impiden, tiene la bondad de leerles Marlen López León, mi mujer, gran amiga, quien todos los días me libra un poco de la muerte.

Gracias por asistir a esta presentación.



jueves, 9 de febrero de 2017

Soy un hombre de centro


Soy un hombre de centro. Empecé por nacer, sin darme cuenta, para verme en el centro de la vida. Todavía era un niño cuando me arranqué de mi familia para lanzarme al centro de la noche, con la yesca de una cartilla y un manual. No mucho después llegué al centro de mi mismo, con un arma en la mano, defendiendo un país que llegaba a su centro. Había llegado al centro de la conciencia colectiva y aún no conocía el centro de la existencia humana. Ese centro supremo me esperaba en las intimidades de una joven. Y fue el centro del mundo, del goce y el dolor, de la dicha y la muerte, relámpagos, diluvios. Del desierto anterior y esa humedad llegué al centro de mis palabras. Al centro de espasmos le di vida a inocentes. Al centro de la amistad hice un credo y desafié montañas. Al centro de la muerte he sobrevivido a mis propias miserias. Y si adelante hay algún centro allí estaré, en la neblina fantasmal de millones de nombres que continúan en el centro de todo, aprendiendo a nacer.

viernes, 3 de febrero de 2017

Las relaciones Estados Unidos-China

Por Raúl Zibechi

En uno de sus más recientes artículos periodísticos, Immanuel Wallerstein vuelve sobre un tema que ha trabajado anteriormente: asegura que las dos grandes potencias, Estados Unidos y China, se convertirán en socios estratégicos (goo.gl/FDUf6j). Su análisis es sólido y tiene la enorme ventaja, además del respeto que merece todo su trabajo, de que no es novedoso, sino que aporta nuevos argumentos a los que ha venido manejando desde mucho tiempo atrás.

Wallerstein sostiene que el principal motivo de las discordias actuales consiste en cuál de los países será socio mayor y cuál subordinado en la futura e inevitable alianza. No duda que China se está convirtiendo en la nueva potencia hegemónica global, pero asegura que está condenada a entenderse con la potencia en decadencia, del mismo modo que Gran Bretaña y Estados Unidos se entendieron después de 1945.

Asegura que puede establecerse una alianza no formal, una “asociación no declarada”, como la que mantuvieron la Unión Soviética y Estados Unidos desde los acuerdos de Yalta (febrero de 1945), en los que tácitamente se dividieron las zonas de influencia en el mundo de posguerra. En trabajos anteriores, Wallerstein sostuvo que luego de un periodo de transición hegemónica en el mundo se establecerán dos alianzas importantes: la de China y Estados Unidos por un lado, y la de Europa y Rusia por otro.

En este sentido, vale la pena escuchar a un notable estratega, el presidente ruso Vladimir Putin, quien defiende el euro a pesar la crisis en curso y recientemente aseguró que “muy posiblemente” Rusia llegará a integrar la Eurozona (goo.gl/C35cnU). Debe recordarse que la ofensiva de Washington contra Rusia, en particular la crisis y cambio de régimen provocados en Ucrania, busca impedir el aumento de los lazos políticos y económicos entre Moscú y Bruselas.

Sin llegar a disentir del análisis de alguien que considero una inspiración ineludible, quisiera exponer algunos problemas que pueden cambiar el rumbo que señala Wallerstein y quizá entorpecer o enlentecer este tipo de alianzas que llegarían a predominar en un nuevo mundo posterior al capitalista.

La primera y más importante se relaciona con la herencia colonial. Las anteriores transiciones hegemónicas se produjeron entre potencias occidentales. Desde la primera hegemonía en el sistema-mundo, la de Holanda, hasta la hegemonía estadunidense, son todas naciones que pertenecen a una misma civilización, por utilizar el sentido que le otorga el sociólogo egipcio Anouar Abdel-Malek (citado por Wallerstein), quien sostuvo que sólo existen dos civilizaciones, la indoaria y la china.

Podemos intuir que una hegemonía no occidental chocará con las tradiciones y las culturas racistas y colonialistas de Occidente. A la competencia entre estados y entre empresas, que fue decisiva en las anteriores transiciones, se suman ahora factores que estaban ausentes en aquellas disputas. No podemos saber hasta qué punto el racismo y el colonialismo serán capaces de modificar la trayectoria histórica prevista, pero es evidente que algún peso tendrán, ya que han modelado el nacimiento y desarrollo del capitalismo en los pasados cinco siglos.

La misma observación hecha desde China y Asia-Pacífico permite dudar de que Pekín aspire a la hegemonía mundial, porque sería tanto como seguir los pasos del colonialismo/capitalismo europeo y occidental. Puede suceder, pero no es necesario que así sea. Lo que es seguro es que China no permitirá una nueva humillación, como las sufridas ante Inglaterra y Francia en el siglo XIX y ante Japón en el siglo XX. Todo su esfuerzo como potencia emergente va en la dirección de mantener en pie la soberanía nacional.

La segunda cuestión a tener en cuenta es el papel de las sociedades civiles organizadas, o sea los movimientos populares. Los fundadores de la teoría del sistema-mundo, Wallerstein, Giovanni Arrighi y Terence Hopkins, destacan la divergencia existente en la crisis iniciada en 1973 con las crisis anteriores, por el papel destacado que jugaron los trabajadores en su deflagración. Más allá de diferencias puntuales entre sus análisis, la conclusión parece clara cuando señalan, a propósito de la oleada de activismo de la década de 1960, que estamos ante la aceleración de la historia social.

“Mientras en las anteriores crisis hegemónicas de intensificación de la rivalidad entre las grandes potencias la rivalidad precedió y configuró de arriba abajo la intensificación del conflicto social, en la crisis de la hegemonía estadunidense esta última precedió y configuró enteramente aquella”, concluyen Arrighi y Beverly J. Silver en Caos y orden en el sistema-mundo moderno (Akal, 1999, p. 219).

Dirán que no es la primera ocasión en que cito esta frase. Pero me parece necesario recordar, una y otra vez, que la crisis en curso ha sido gestada por las luchas de los abajos, y que esa convicción debe darnos la suficiente fuerza de ánimo para enfrentar la tormenta con la que nos están respondiendo los de arriba. Es la primera vez en la historia que las resistencias de abajo configuran nada menos que una crisis sistémica y eso explica la reacción de Estados Unidos y del gran capital, incluso gobiernos como los que estamos padeciendo, de modo particular en el caso de México.

¿Podemos imaginar el genocidio mexicano contra los jóvenes, las mujeres, los indios, los pobres en general, sin considerarla como una guerra preventiva de clase? La clase dominante mexicana sufrió dos revoluciones populares en la corta historia de la nación, y eso la hizo mucho más cautelosa y, sobre todo, más implacable.

Sin rechazar el análisis del “telescopio Wallerstein” (apodo creado por el sub Galeano), creo que el colonialismo/racismo y la potencia de los abajos deben inducirnos a considerar la enorme complejidad de la transición en curso. Esa complejidad puede llevar a la dirección china, en efecto, a aliarse con la potencia en decadencia para evitar males mayores. Pero nada es seguro.

Fuente:  http://www.jornada.unam.mx/2017/02/03/opinion/023a2pol

viernes, 27 de enero de 2017

Las inexplicables falsedades e imprecisiones de un programa educativo

por Guillermo Rodríguez Rivera

El pasado miércoles 25 de enero a eso de las diez de la mañana, el canal Educativo 1, de nuestra televisión nacional, trasmitió un programa dirigido a estudiantes – presumo que de nivel medio – dedicado a explicar e ilustrar el rico proceso de la música popular cubana.

No soy crítico de nuestra televisión, que tiene varios canales que trasmiten las 24 horas del día y acaso necesitaría de algunas personas que vigilaran, chequearan esas casi inacabables emisiones, muchas de las cuales recorren la longitud de la larga isla que es Cuba y, claro, también llegan a Isla de la Juventud y a los múltiples cayos que conforman el archipiélago cubano e, incluso, pueden difundirse fuera del país.

Difundir información errónea es censurable en cualquier medio de comunicación, porque el receptor supone la veracidad del medio que consulta y no tiene por qué conocer, con el rigor de un especialista, la materia que está difundiendo el medio; seguramente esa necesidad de saber es uno de los motivos por lo que está valiéndose del medio en cuestión.

La exigencia de comunicar una información cierta es válida para cualquier medio, pero lo es con más énfasis para la televisión, por la enorme amplitud del público al que llega y por la certidumbre que ese público le atribuye a sus afirmaciones. Pero si esa afirmación falsa se trasmite en un espacio destinado a la enseñanza, entonces es imperdonable que se falte a la verdad porque,  quien lo hace,  defrauda el deseo de aprender del estudiante que lo escucha.

Yo  no pude ver enteramente el programa. Sintonicé el canal Educativo cuando las conductoras del programa hablaban de Benny Moré y daban el dato de que nació en febrero de 1919. En el país se han editado dos diccionarios de la música cubana: el de Helio Orovio en 1992 y el más reciente de Radamés Giro. Quien consulte cualquiera de los dos, se entera de que Benny nació el 24 de agosto de 1919.

Enseguida las conductoras explicaron que el formato de orquesta llamado charanga, donde los violines y la flauta desplazan a los metales de la anterior orquesta típica, aparece en los años cincuenta, cuando la charanga surge hacia 1910.

El programa afirma que Formell y Los Van Van influyen en la aparición de la orquesta de Elio Revé y en el trabajo de Chucho Valdés, pero Formell se inicia como bajista de la propia orquesta Revé, fundada mucho antes de la aparición de Los Van Van. Desde antes de la aparición de Formell,  se conocía también el trabajo del gran músico que es Chucho Valdés, que hace una música completamente diferente a la de Los Van Van.

No es cierto que la aparición del grupo de Experimentación Sonora del ICAIC determinara la aparición de la Nueva Trova, sino al revés:  el GES se funda para darle un lugar a los iniciadores de la Nueva Trova (Pablo, Silvio, Noel) por entonces no admitidos por la televisión cubana. El GES incorpora nuevas figuras, como Sara González y Amaury Pérez. Pero no compuso la música usada en todas las películas del ICAIC, como aseguraba el programa.

Al presentar la salsa, el programa debía explicar que no es un género musical, sino el nombre comercial que el empresario italoamericano Jerry Masucci le da a la fusión de todos los géneros bailables del Caribe hispánico.

Por supuesto que no culpo de esto a las simpáticas conductoras del espacio, que apenas estaban repitiendo el defectuoso guión que le entregaron.

En Cuba hay numerosas personas con la autoridad intelectual necesaria para evitar esos lamentables errores en un programa que quiere relacionar a nuestros jóvenes con la música popular cubana, acaso la más famosa de las artes de Cuba.

lunes, 23 de enero de 2017

Nana para dormir a un viejo

Abierto
reposa
el viejo
en su sillón
mira a la calle
dice palabras
que sobreviven
sólo en su voz

Repisas
y jaulas
lo deben
amortajar
porque sus sueños
secos y ajados
de donde yacen
no volverán

Lo veo
y casi
quisiera
darle una flor
pero la historia
de este planeta
no va a caberme en
una canción

Si existe
consuelo
consiste
en comprender
que cuando a un niño
le queda corta
una camisa
es de crecer

1970

martes, 17 de enero de 2017

Sigue el bloqueo

Impone Estados Unidos nuevas multas por violaciones del bloqueo a Cuba


El 12 y 13 de enero de 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sendas multas a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por montos de 10 000 y 955 750 dólares, respectivamente, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba.
Según el informe de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), entre agosto de 2010 y septiembre de 2011, la ARCPF coordinó viajes a Cuba de ciudadanos estadounidenses, en violación de las regulaciones establecidas por el Departamento del Tesoro. Según arguye la OFAC, esa organización brindó servicios de viaje a dos grupos de viajeros, a sabiendas de que no eran actividades autorizadas. En el caso del banco canadiense Toronto Dominion (TD), alegó la realización de transacciones a través del sistema financiero de Estados Unidos en beneficio de una compañía canadiense, de la que es propietaria una empresa cubana. La OFAC señaló que entre 2003 y 2011, el banco realizó esas operaciones, incluyendo el financiamiento de actividades comerciales, también prohibidas por el bloqueo.
Estas nuevas sanciones, apenas una semana antes de que finalice el mandato del actual gobierno de Estados Unidos, demuestran la persistencia del bloqueo económico, comercial y financiero, y su alcance extraterritorial, con las consiguientes consecuencias negativas que esto tiene para el desarrollo de la economía y de las relaciones económicas externas de Cuba.
Desde los anuncios del 17 de diciembre de 2014, el gobierno de Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor acumulado de 2 mil 843 millones 623 mil 359 USD.
Hasta la fecha suman 52 las multas impuestas durante el gobierno de Obama (2009-2016) por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba y otros países. El valor acumulado de las penalidades asciende a 14 mil 404 millones 358 mil 605 USD.

Fuente: http://www.granma.cu/mundo/2017-01-16/impone-estados-unidos-nuevas-multas-por-violaciones-del-bloqueo-a-cuba-16-01-2017-18-01-38

lunes, 9 de enero de 2017

Mario Romeu

Para Belinda, Mayito y Rosalía.

Cuando transcurría mi último año de servicio militar, que fue en la revista Verde Olivo, se apareció en mi unidad Guillermo Rosales, un amigo escritor de mis tiempos en el semanario Mella, y me hizo pedir permiso para ausentarme del mando.  El me había prometido llevarme a casa de “una muchacha que hace canciones, como tú”. 

No recuerdo si agarramos una guagua o fuimos a pie. El lugar de destino hacía esquina en 17 y D, en el arbóreo barrio de El Vedado. Había que subir desde la calle hasta un amplio portal para llegar a la puerta, que estaba abierta. Guillermo tocó por cortesía, pero entró con confianza porque su familia y la de esa casa eran viejas amigas. La amable señora que nos recibió se llamaba Rosalía. Nos invitó a sentarnos y nos dijo que enseguida llamaba a su hija.

La muchacha que apareció era una adolescente delgada, con el pelo partido en dos por una raya que parecía un camino perfecto en un trigal, y se sentó recatadamente en un sofá que había a la derecha de la puerta de entrada. No recuerdo las presentaciones. La mamá de la chica, la única persona mayor de la escena (y aclaro que en realidad no era tan mayor), nos dejó solos a los jóvenes. Belinda, que así se llamaba la muchacha, evidentemente era tan tímida o más que yo y, luego de frases retraídas de ambas partes, sacó una guitarra y me la puso en las manos y me pidió que cantara alguna de mis canciones.

Por supuesto, yo iba vestido de militar y con mis enormes botas rusas. Y como una habichuela verde enroscada en si misma, al principio con vergüenza pero cada vez embullándome más, como solía sucederme, empecé a dejar salir lo que iba recordando: algunos temas recientes, como Quédate, y otros de unas semanas atrás, como En busca del tiempo perdido o El viento eres tú.

Cuando llevaba un rato cantando, detrás de Belinda se asomó un hombre de unos cuarenta años, algo escaso de cabellos y con unos brillantes ojos azules, que me soltó sin más: “Y esas canciones que tu cantas ¿de quién son?”… Aquella pregunta me congeló. Y antes de responder que las canciones eran mías, mi acelerada cabecita se dijo como en vértigo: ¿será que se parecen a otras canciones?, ¿será que yo las he escuchado y no son más que plagios?... ¿será…? Pero aún así me atreví a decir que mis canciones eran mías, o cuando menos yo pensaba que lo eran.

Y aquel señor bastante alto y gentilmente intimidante, después se disculpó: dijo que estaba en camiseta porque tenía un problema en la columna, porque se había tirado en un catre tieso al que acudía siempre que estaba en crisis. Decía esto y se sentaba frente a un piano que había en el rincón más alejado de sala, y allí empezó a tocar, una tras otra, las canciones que yo acababa de cantarle a su hija, canciones que apenas había escuchado mi madre, mis amigos más cercanos y algunos compañeros de armas que no tenían más remedio que soportarme en mis lamentables noches de encierro. Al final, se volvió hacia mi y me dijo: “Ya sé que en esta parte no era exactamente así. ¿Qué acorde era?, ¿este o este?...”

Aquel señor, según supe después, se llamaba Mario Romeu y era conductor de la orquesta de la radio y la televisión, además de director musical de varios de los programas televisivos más importantes del momento.

Después de esa noche, aquel genio increíble acabó aprendiéndose algunas de mis canciones mucho mejor que yo, y descubriéndoles adentro criaturas que yo no imaginaba que llevaban. Y no mucho después, cosa que no me canso de contar, acabó sentándome ante las cámaras de la televisión, gesto supremo que selló mi suerte.

Mario, vástago de la portentosa familia Romeu, había sido un niño prodigio que ganó una beca en un exquisito instituto musical norteamericano, a donde lo mandaron sus padres, hasta que unos meses después no soportó la soledad y se apareció en La Habana. Frank Fernández me contó que cuando estuvo en Cuba Víctor Merzhanov, el gran instrumentista y pedagogo ruso, quedó prendado de la excelencia pianística de Mario y hasta quiso llevárselo a Moscú.

Su proverbial miedo escénico solo le permitía tocar en público envuelto en sombras, como cuando hacía aquel extraño programa en contrastado blanco y negro que dirigía Cardentey: “En el atardecer”, donde Mario inventaba atmosferas insólitas desde un órgano Hammond. Tiempo después me lo encontré en el club nocturno Imágenes, haciendo brillantes y solitarias tandas. Más de una vez me propuse llevar una pequeña grabadora, pero no me atreví.

Hace unos pocos años Belinda un día me lo trajo a Ojalá, para con el pretexto de probar el piano grabarle algunas cosas. Hicimos varias sesiones, pero no se encontraba a gusto, o acaso sospechaba lo que le estábamos haciendo y pasaba de súbito de un tema a otro, o terminaba abruptamente las ideas que había comenzado. En ese sentido Mario Romeu fue un genio inatrapable. Sin embargo nada le complacía más que rememorar cualquier melodía para una visita súbita, como las que yo mismo acostumbraba.

Anoche Mario se nos fue. Según algunas cuentas tenía 92 años. Para mi tenía siglos; para mi todavía los tiene y seguro anda por algún discreto rincón del universo, llenándose de música como un gran agujero luminoso tragador de energías, preparando nuevos deslumbramientos desde su fértil timidez. 

domingo, 8 de enero de 2017

Empieza la era Trump...

Por Ignacio Ramonet

Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el siguiente comentario: “La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras que otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo–, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis”. ¿Qué tiene de particular este comentario? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration... el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años la crisis de Oriente Medio ya era calificada de “permanente”. Y es probable que lo siga siendo... Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero: llega un nuevo presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca: Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región? Sin ninguna duda, porque, desde finales de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta área y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las “primaveras árabes” estimuladas por Barack Obama (y su secretaria de Estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de “aislacionista”, Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés) es el “enemigo principal” de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del Gobierno de Bachar el Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un espectacular cambio de alianzas que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo Gobierno socialista –por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrarreaccionarios como Arabia Saudí y Qatar– ha hecho del derrocamiento de Bachar el Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladímir Putin, el alfa y el omega de su política exterior (1). 

Donald Trump tiene razón: las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak y la de Raqqa en Siria– aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán, que participa directamente en el conflicto con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiíes del Hezbolá. 

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015 y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años, a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, el Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá, pues, en resolver esa contradicción. No le resultará fácil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que respecta a las relaciones con Irán (2). 

Por ejemplo, el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como “islamófobo” porque ha publicado opiniones que muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter: “El temor a los musulmanes es perfectamente racional”. Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán y en Irak. Asegura que la militancia islamista es una “amenaza existencial a escala global”. Igual que Trump, sostiene que la Organización del Estado Islámico es la “mayor amenaza” a la que se enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia para la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasi, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios “marines” y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era “demostrar el papel de Irán en ese asalto” (3). Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad hacia Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú, donde fue fotografiado sentado al lado de Vladímir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión Russia Today (RT), en el que ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía “ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN”.

Otro antiiraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el “Telón de Acero” hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba) y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás con respecto al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de “Estado promotor del terrorismo”.

Pero quizás el enemigo más rabioso de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado “Perro Loco”, que estará a cargo del Pentágono (4), o sea, ministro de Defensa. Este general retirado de 66 años demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Hussein en 2003; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos, es también apodado el “Monje Guerrero”, alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la “principal amenaza” para la estabilidad de Oriente Medio, por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda: “Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región”.

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez– a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis “Perro Loco”, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada durante la invasión de Irak: “Vengo en son de paz. No he traído artillería. Pero, con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, los mataré a todos”. 

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(1) Aunque, como se sabe, hay elecciones el próximo mes de mayo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no volverse a presentar. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado, por su parte, que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.
(2) Léase Paul Pillar, “Will the Trump Administration Start a War with Iran?”The National Interest, 7 de diciembre de 2016. 
(3) Léase The New York Times, 3 de diciembre de 2016. 
(4) James Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura del Pentágono.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=b013574d-1e69-4a5d-aa02-3c712b0a2e42