miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fidel Castro y la represión contra los intelectuales

La muerte de Fidel Castro ha dado lugar -en algunos grandes medios occidentales- a la difusión de cantidad de infamias contra el Comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido por tanto aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país.
Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes es natural, efectivamente, que hablemos de ‘’represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes? Un sistema que no acepta la contradicción por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ’verdad oficial’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama: ‘tiranía’ o ‘dictadura’. No hay discusión. Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema... en España y en Francia. Es lo que quiero contar.
La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro «Fidel Castro. Biografía a dos voces» -o «Cien horas con Fidel»- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario «El País» (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario «El País» deduciría que fallecí hace una década...
Lo mismo en «La Voz de Galicia», diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada «Res Publica». A raíz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana: censura total. Al igual que en «El País», ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la mínima alusión a cualquier actividad mía.
Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘desaparecer’ del espacio mediático para ‘matarlo’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios «El País» y «La Voz de Galicia» lo hicieron conmigo.
En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro «Fidel Castro. Biographie à deux voix» en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.
En la radio pública «France Culture», yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo: «Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas».  Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.
En la Universidad París-VII, yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió: «¡Ojo! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad... » Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo, se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado... En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.
Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual « Le Monde diplomatique », perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario «Le Monde». Y, por razones históricas, yo pertenecía a la ‘Sociedad de Redactores’ de ese diario aunque ya no escribía en sus columnas. Esta Sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.
En virtud de esta responsabilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario «Libération») empezaran a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la «extrema emoción» que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. «¿Lo has leído?», le pregunté. « No, pero no importa -me contestó- es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo ‘Le Monde’ no puede entrevistar a un dictador».  Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de África y de otros continentes a los que el diario había concedido complacientemente la palabra durante décadas. «No es lo mismo -me dijo- Precisamente te llamo por eso: los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación». «¿Me queréis hacer un juicioUn ‘proceso de Moscú’? Una « purga » por desviacionismo ideológico? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal. » No se atrevieron.
No me puedo quejar; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como les ocurrió a tantos periodistas e intelectuales bajo el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero fui represaliado simbólicamente. Igual que en «El País» o en «La Voz», me «desaparecieron» de las columnas del diario «Le Monde». O sólo me citaban para lincharme.
Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos, país de la «caza de brujas», fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.
Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mí trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?
¿Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia? Voltaire definía la tolerancia de la manera siguiente: «No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse».  La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El por qué de Fidel comunista

Por Guillermo Rodríguez Rivera

Una reciente información circulada por BBC Mundo, comenta una investigación de la estudiosa sueca Evilin Ling, de la Universidad de Lund, donde ella explica el por qué Fidel Castro, en 1959, había rechazado la idea de que se le considerara comunista y se calificara del mismo modo la revolución que lideraba. Según Ling “es posible creer que inicialmente Fidel Castro pensaba que Estados Unidos iba a respetar que Cuba quisiera hacer de sí misma un estado soberano e independiente”.

Quien conozca la historia norteamericana y las relaciones de esa nación con sus vecinos al sur, sabe que América Latina era vista por los Estados Unidos como su patio trasero. Dominaba las principales riquezas de esos países y había eliminado a líderes como Augusto, César Sandino, Antonio Guiteras y Jacobo Árbenz que habían intentado favorecer a sus pueblos afectando los omnipresentes intereses yanquis en el continente.

Esa historia la conocía perfectamente Fidel Castro. La había vivido Che Guevara, que estaba en Guatemala cuando la CIA derroca el gobierno de Árbenz por haber hecho una reforma agraria que perjudicaba al mayor latifundista de Centroamérica, que era la United Fruit Company. Fidel y el Che sabían que la reforma agraria cubana iba a provocar los mismos conflictos, como en efecto ocurrió.

Fidel actuó como si esperara la respuesta correcta, permisiva y civilizada de la administración Eisenhower-Nixon, que había derrocado a Arbenz para instalar en el poder a un tiranuelo impopular como Castillo Armas. Sabía que esa respuesta nunca llegaría. Eran los tiempos de la doctrina Truman, que había contribuido a la impopularidad del comunismo en Cuba. La otra parte de la responsabilidad de esa impopularidad, la tuvo el propio partido, que a fines de los años treinta se había aliado a Batista. Desde que derrocó y asesinó a Guiteras, Batista demostró ser un instrumento del imperialismo yankee en Cuba.

Fidel sabía, desde antes de triunfar la Revolución, que una afirmación de la soberanía y la justicia social en Cuba tendría que enfrentar los poderosos y múltiples intereses norteamericanos en Cuba.

Una reforma agraria no era una ley comunista sino antifeudal. La más radical que se hizo en América, fue obra del presidente Lincoln, al terminar la Guerra de Secesión y fue una reforma inevitable para el pleno desarrollo del capitalismo en los Estados Unidos. Pero lo que esa nación había hecho en su territorio no lo quería para América Latina.

A fines del siglo XIX se estructura el imperialismo: un capital financiero que entra sin control en países con menos desarrollo, se hace dueño de las riquezas naturales y termina dominando la política del  país. Fue lo que ya había visto José Martí en los numerosos años que vive en New York.

El 18 de mayo de 1895 está escribiendo una carta que no termina y que quedará inconclusa, porque al día siguiente una bala española le arrancará la vida. Iba dirigida a su fraterno Manuel Mercado, en México. Decía allí:

     ya estoy todos los días en peligro de dar la vida por mi país
     y por mi deber --- puesto que lo entiendo y tengo ánimos con
     que realizarlo --- de impedir a tiempo con la independencia de
     Cuba que se  extiendan por las Antillas los Estados Unidos y
     caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

Y precisaba Martí:

     Cuanto hice hasta hoy y haré, es para eso. En silencio ha tenido
     que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas    
     han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían
     dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.[1]

Fidel sabía a lo que iba cuando salió hacia Cuba en el yate Granma. Para mí, lo confirma que el médico marxista argentino Ernesto Guevara se enrole en esa expedición después de hablar unas horas con Fidel, y la llame “la aventura del siglo”.

Fidel siguió la cautela martiana. Fundamentalmente, para convencer al pueblo cubano, invadido por la propaganda anticomunista, que el socialismo era el único camino posible para la Revolución Cubana. Lo consiguió, aunque sabía que generaría también enemigos irreconciliables.

La estudiosa sueca Evilin Ling no tiene razón cuando afirma que el proceder del gobierno de los Estados Unidos inclinó a la Revolución Cubana a adoptar la ideología socialista. Fidel, Raúl, Che, Camilo, Almeida, estaban convencidos de la validez de esa ideología. La perspectiva socialista era también la de algunos intelectuales vinculados a esa vanguardia política como Antonio Núñez Jiménez y Alfredo Guevara.

Los gobernantes de los Estados Unidos fueron fundamentales para demostrarle al pueblo cubano que el camino socialista era el único que garantizaría la supervivencia de la Revolución Cubana.

El de 1960 fue un año de intensa lucha ideológica en Cuba. A partir del enfrentamiento del gobierno norteamericano a la reforma agraria cubana, que perjudica grandes intereses de empresas estadounidenses, la lucha ideológica va convirtiéndose en lucha política y armada.

Empiezan a aparecer grupos terroristas y los primeros alzados en las montañas del Escambray, nutridos por antiguos militares batistianos, terratenientes expropiados y dirigentes del II Frente del Escambray, que se oponen a la orientación socialista de la Revolución.

Desde antes de la oposición de los Estados Unidos, Fidel estaba decidido a seguir el rumbo socialista en Cuba. La oposición norteamericana a la Reforma Agraria resulta muy eficaz para convencer al pueblo cubano de la inevitabilidad de seguir ese camino, si la Revolución quería salvarse.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   





[1]José Marti: “Carta a Manuel Mercado”, en Letras fieras , Letras Cubanas, La Habana, 1981, p. 137.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

FIDEL

dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
fidel montó sobre fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo

Juan Gelman

*Ilustración de Ángel Boligán

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hasta Siempre Fidel

“¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!” Se ha marchado Fidel. Hace dos días. La Habana, silenciosa, piensa en él. Los más viejos rememoran los días iniciáticos de la revolución, la lucha contra Batista, la alfabetización, el recibimiento de los guajiros en la capital—incluso por algunos de los burgueses que después se fueron--, la justicia ejemplarizante aplicada a los asesinos y torturadores, la nacionalizaciones de las empresas extranjeras, fundamentalmente yanquis; la reforma agraria, que enfureció al imperio; la cobarde agresión de los mercenarios, urdida por Eisenhower, ejecutada por Kennedy y derrotada en menos de 72 horas, en Playa Girón: ¡primera derrota del imperialismo en América! Y fuimos socialistas: martianos, marxistas, leninistas y, por supuesto, fidelistas. Pero, además, creamos un país donde todos tenemos acceso universal y gratuito a la educación, a los cuidados médicos, al deporte; libre de discriminaciones por el color de la piel, el credo o el género. ¡Un país de hombres de ciencia debe ser Cuba en el futuro, proclamó Fidel cuando aún teníamos un millón de analfabetos! Hoy tenemos más de un millón de graduados universitarios y ya los científicos aportan logros indiscutibles a la nación. Fuimos y somos internacionalistas, como lo fueron Céspedes, Maceo, Gómez  y Martí; como Mella, Rubén y Guiteras: Defendimos la independencia de pueblos africanos como la propia y la derrota de las tropas racistas sudafricanas en Angola estremeció definitivamente el régimen  abominable del apartheid. En “los días luminosos y tristes” de la crisis de octubre, brilló Fidel como estadista: sus “cinco puntos” salvaron la honra de todo el pueblo. Nuestros médicos, técnicos, educadores han prestado—y prestan—servicios en numerosos países del mundo y han acudido prestos  a lugares de América, de Asia y de África en misiones de salvamento y curación. Cuando en áreas remotas uno proclamas orgulloso: soy cubano, una mujer, un hombre, un niño de la calle, responde: ¡Fidel! Somos el pueblo de Fidel, no hay duda. Hay quienes quieren sólo ver manchas en el sol; pero las que pueda haber no alcanzan a opacar la inmensa luz que irradia. Por mucho que griten, conspiren y tramen desde la otra orilla, a la sombra por supuesto de nuestros enemigos seculares, Cuba jamás volverá a ser colonia yanqui. Nadie podrá quebrar nuestra dignidad, nuestro patriotismo. Con las ideas de Fidel construiremos una sociedad socialista, democrática, próspera y sustentable. Su pensamiento humanista y  liberador nos guía. Su luz es inmortal.

Raúl Roa Kourí
La Habana, 27.11.16

sábado, 26 de noviembre de 2016

GLORIA ETERNA A FIDEL

Mis hondas condolencias a sus familiares, al pueblo de Cuba, al Mundo y a todo el Universo por la pérdida de uno de los seres humanos más extraordinarios de todos los tiempos.


3 de febrero de 2012


Vicente Feliú Miranda dijo...
Como todos los gigantes fue querido y odiado. Repartió por los cuatro puntos cardinales educación, salud, dignidad, autoestima, vergüenza, soberanía. Compartió el sentimiento de pueblo con muchos pueblos y amplificó la solidaridad entre los seres humanos. Cambió varios cursos de la historia y de la naturaleza. Predicó y luchó como nadie por la humanidad y el planeta. Guardó para sí solo la satisfacción como Soldado de la Revolución de cumplir varios de los más sagrados deberes.
Anoche 25 de noviembre murió el cuerpo de Fidel Castro Ruz. Mientras quede un ápice de amor en el universo su nombre y su obra estarán presentes.

26 de noviembre de 2016. 7:00 AM
Alamar, Zona 1.

norma trv dijo...
Vuelvo a Martí en Tres Héroes:

"Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados. (...) Se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz."
(...)
"Un escultor es admirable, porque saca una figura de la piedra bruta: pero esos hombres que hacen pueblos son como más que hombres. Quisieron algunas veces lo que no debían querer; pero ¿que no le perdonará un hijo su padre? El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales."

martes, 22 de noviembre de 2016

CONVOCAN A SANEAR EL RÍO ARIGUANABO


Arián Ramos Gutiérrez.       arianramos38@gmail.com

Artemisa, Cuba.- Muy afectado por las fuentes contaminantes  que producen los residuales y otros desechos que vierten empresas y pobladores de San Antonio de los Baños, el Río Ariguanabo casi moribundo ya, reclama de un saneamiento total en rescate de sus riquezas naturales.

A favor de que vuelva a correr limpio y forme parte del bienestar del pueblo, los Amigos del Río convocan para este domingo 27 de noviembre desde las 8:00 de la mañana a una jornada voluntaria y masiva por la limpieza del afluente.

Según informó una de las promotoras de la acción medioambientalista, Aimé Posada, están convocados todos los interesados que se dispongan  a desarrollar este saneamiento en las márgenes del río en áreas del parque del humor.

Con recursos propios como palas, guantes, botas de agua y otros que contribuyan a la recogida de los contaminantes, el pueblo de San Antonio de los Baños protagonizará esta jornada para romper la inercia actual por el rescate y conservación del río, al cual deben el gentilicio los ariguanabenses. 


sábado, 19 de noviembre de 2016

América

Sólo he sabido que le llaman América,
la de la alcoba deseada.
Y que a los pocos elegidos de América                               
se les distrae la mirada.

Mi calle ronda el picaporte de América,
untado en fiebres olorosas.
Adolescentes embrujados de América
sueñan sus dotes amorosas.

La luz me guarde de los cantos de América.
Atado al mástil la contemplo pasar.
Mi vela al viento son girones de América,
y soy un hombre de mar.

Las altas cumbres solicitan a América
para convites y festejos.
Los mercadantes se disputan a América,
la emperatriz de los espejos.

La luz me guarde del abrazo de América,
de su mirada, de su hechizo de amor.
De madrugada se oye el llanto de América,
y se parece al dolor.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Mambises y niños

Cuando yo era niño aún se veían viejos mambises por las calles, algunos con medallas en sus pechos. Eran combatientes del Ejército Libertador, ya muy mayores, que llevaban con dignidad el único premio a sus sacrificios; ancianos que la gente miraba con respeto. Se hablaba bajo en sus presencias venerables.

Hoy sábado, temprano, estuve en un sencillo acto en el parque del reparto Elena, en La Lisa, donde se entregaba la medalla 60 Aniversario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias a combatientes veteranos. Así respondí a la invitación de uno de los premiados, el teniente coronel (r) Rafael González Cid, pariente mío. También encuentro a Oscar de los Reyes, viejo amigo de aquellos tiempos duros, madrugados en Coppelia. Había decenas de mujeres y hombres frente a una mesa llena de cajitas. Luego, certificación en mano, la tropa distinguida pasó en rápida fila ante los compañeros que entregaban el reconocimiento. 

Fue inevitable que escrutara los rostros, las manos, las muy sencillas vestimentas de aquel grupo de personas de avanzada edad. Y por más que traté, seguro no pude imaginar cuantos peligros, desgarramientos, sacrificios y convicciones reunían. Estaba ante mambises de estos tiempos, los que de nuevo entregaron todo, hasta sus vidas, por respeto a aquellos otros que vi en mi infancia, todos seguidores de un sueño de Nación, más que digna dignificada, que se ha venido construyendo con sangre, sudor y tesón de generaciones.

Una señora, llena de medallas, se me acerca con su bella sonrisa y me dice que su esposo, combatiente también, ya fallecido, era de San Antonio y que vivieron en La Loma, en la Calle Ancha, muy cerca de donde yo nací. Otro me dice que es hermano de Ciro Berrios –y recuerdo a Ciro, hombre que cantaba lindo allá en Cabinda, que me había prometido llevarme a una operación y me dejó durmiendo, y ese mismo día cayó en una mina--, Canción para mi soldado.  Viene uno más, andando con dificultad, apoyado en la silla de ruedas en la que debería estar sentado –pero cómo recibir una distinción si no es de pie—, a quien le digo “estás en el duro” y me contesta que del caballo no hay quien lo tumbe.

Un milagro sin bombos ni platillos --ni blablabás oportunistas--, que sencillamente ocurre en un rincón perdido de una ciudad y de un país que no caben en sí mismos de lo mucho que son, por lo que guardan, sí, pero sobre todo por quienes los han guardado.

La infancia corretea por los alrededores. Caigo en cuenta de que uno de aquellos niños soy yo.






martes, 8 de noviembre de 2016

La adivinanza

Adivina en qué mano
yo traigo el amor
y te ganas el premio mayor.
Adivina, adivina,
adivinador,
y te doy un boleto de sol.

Adivina qué traigo en la diestra;
y en su hermana, adivina qué hay.
Yo te juro que amor,
y encontrarlo será
siempre la adivinanza final.

Adivina en qué ola
se esconde mi pez,
adivina por última vez.
Adivina en qué nube
mi pájaro va
y adivina si al fin cantará.

Adivina qué traigo en la diestra;
y en su hermana, adivina qué hay.
Yo te juro que amor,
y encontrarlo será
siempre la adivinanza final.

Adivina en qué mano
yo traigo el amor
y te ganas el premio mayor.


28 de diciembre, 2014

martes, 1 de noviembre de 2016

Una cena deliciosa

Por José Estapé

El que dijo que Cuba es un eterno verano es un mentiroso. Que venga y se pare a mi lado hoy, en esta madrugada de diciembre, a ver si se atreve a repetirlo. Y como les hice caso a los asesores de que la mejor forma de entrar encubierto a este país era como un simple turista, solamente traje ropa ligera y estoy aterido. He desandado varias veces desde la Catedral hasta el Capitolio, y me he tomado varios mojitos y daiquiris en el Floridita y La Bodeguita del Medio, para no despertar sospechas, pero ya tengo hambre. Hay pocas personas en la calle a esta hora y se ven felices. Claro, no tienen por qué saberlo y es mejor así. Se haría mucho más difícil mi trabajo si el público conociera las desapariciones ocurridas en esta zona. Este misterio es el caso más difícil que me ha dado el Jefe en todos mis años como oficial de la CIA. Ya llevo 15 días investigando y todavía no he podido encontrar ni el más leve indicio. Cada mes algunas personas se pierden sin dejar rastro. Familias enteras, viajeros, turistas. No importa el color, sexo o religión. Lo único que los relaciona es su visita a éste bulevar en busca de diversión.

Por otra parte, el índice de desaparecidos, al compararlo con el de otras ciudades turísticas del mundo no se diferencia significativamente. Es mas, respecto al año anterior, el aumento de casos fue alto pero no alarmante. Lo que decidió abrir una investigación fue el alerta que dieron las autoridades cubanas sobre esta situación y el estudio de las estadísticas. Hace 5 años el porciento de desaparecidos era 50 veces menor. Ya se piensa seriamente en una nueva forma de terrorismo, pero por desaparecer ciudadanos norteamericanos precisamente acá pudiera pensarse en otras implicaciones políticas. Por eso me mandaron.

Pero debe existir una causa, un por qué. Además, ¿dónde los meten? Cientos de cadáveres no se pueden evaporar. ¿O acaso se los llevan vivos?, pero, ¿a dónde?, ¿cómo?...

            --¿Desea cenar el señor? Permítame recomendarle nuestro Paladar.

Es un maître. Y está vestido con smoking.  Su hablar pausado y voz agradable invita a seguir escuchándolo. Voy a seguirle la corriente para ver que tiene que ofertar.

            --Nuestra política no es salir a la calle a cazar clientes, pues nuestro centro, del cual me enorgullezco en formar parte, tiene reconocida fama pero, debido a nuestro interés en brindarle una óptima calidad a nuestros usuarios, empezamos el servicio solamente cuando están cubiertas todas las mesas y en este momento nos falta un comensal.

--¿Qué oferta su negocio que no pueda disfrutarse en tantos lugares parecidos como hay por aquí?

            --¡Los Precios muy Señor mío! En nuestra casa usted podrá deleitarse con la mejor comida que haya probado en mucho tiempo, preparada íntegramente con alimentos naturales, frescos, ecológicos, muy nutritivos y elaborados por un chef de reconocida calidad internacional. Nuestras ofertas son mucho más baratas si las compara con cualquier otro sitio de la ciudad. Además, le aseguramos que el ambiente y la originalidad los recordará mientras viva.

De todas maneras no he comido y este lugar es tan bueno como cualquier otro. No es tan llamativo ni fastuoso, más bien se ve sobrio, con poca iluminación, como si quisiera pasar inadvertido. Pero es lógico. De esta forma se caracterizan los centros nocturnos de lujo. Y también el frío me tiene medio congelado. No me vendría nada mal dos buenos whiskys para entrar en calor.

--¿Y tienen algún espectáculo que pueda verse?

            --Al final de la cena tenemos un show espectacular en el cual contamos con la participación del público. Le aseguro que usted nunca ha visto nada igual a lo que verá en nuestro restaurante y nunca más lo volverá a ver, jamás.

--Está bien, no exageres. Me has convencido, entremos.

--Por favor, pase por aquí y entrégueme sus  zapatos.

¿Qué es esto? En esos estantes se alinean zapatos de todo tipo. ¿Eso quiere decir que tengo que entrar descalzo?

            --Óyeme maître. Esto no me lo habías aclarado. ¿Y por qué tengo que hacer lo que tú me pides?
           
--Este restaurante se nombra La Garganta del Diablo. Como verá, se imitó una cueva y se diseñó el piso donde se encuentran las mesas en forma de un pequeño estanque de agua tibia. Así, agradablemente, se calientan y alivian los pies de los consumidores. Esa es la razón por la que le he hecho esa solicitud.

No me gustan las excentricidades, mejor me voy a otro lugar. Pero esa sonrisa irónica del maître... ¡Qué diablos! No le voy a dar ese gusto. Déjame descalzarme y doblarme el bajo de los pantalones, no vaya a mojarlos. De verdad que está bien logrado el ambiente. El salón donde están las mesas es semicircular y lo han bordeado con columnas cónicas de mármol o nácar que bajan del techo. Semejan estalactitas. Y del piso ascienden otras similares haciendo juego con las primeras. La temperatura, después de haber estado aterido allá afuera, es agradabilísima. Aunque el sistema de calefacción es muy raro, pues forma un tiro alterno de aire tibio que en rachas suaves entra y sale del fondo del salón. El piso suave, esponjoso, junto con el agua templada, me produce una sensación maravillosa de alivio en mis cansados pies.

Los muebles. ¡Qué interesante! Para no desentonar con el ambiente son de forma rústica. ¿Y el material? ¡Fantástico! Están confeccionados con cañas de azúcar. Están jugosas, como si estuvieran recién cortadas. La comida es variada, y de un gusto delicioso. No me engañó el Maître cuando me alabó al chef de cocina. El whisky es exquisito, pero no quiero tomar mucho. Estoy de servicio y aun me quedan varias horas de recorrido.

Se demoran en traerme la cuenta, como si lo hicieran ex profeso. Muchas sonrisas y evasivas pero no acaban de presentarme el cheque. Y tengo sueño.

¿Qué pasa? En las otras mesas la gente está durmiendo y los camareros los registran. ¡Estamos drogados y nos están robando! Me siento el cuerpo pesado y me cuesta trabajo moverme. Tengo que pararme. ¡Mi pistola! Tengo que alcanzarla.

            --¿Se siente mal el señor? Es usted muy fuerte. También por ser el último en incorporarse a la cena no ha terminado de hacerle efecto el somnífero. Permítame, por favor, aliviarle del peso de su cartera. Así, gracias. No puede moverse ¿verdad? Bien, tendrá el privilegio de saber qué va a pasarle. Escuche. Nosotros fuimos escogidos por Él para que le sirviéramos, y en pago no nos matarán cuando ellos triunfen. En cada ciudad importante hay uno. Antes eran débiles, pero se han ido fortaleciendo y dentro de poco no habrá poder sobre la tierra capaz de dominarlos. Comprenda, no tenemos nada en contra de usted, pero Él es muy exigente, y con un hambre de siglos. Nosotros luchamos por nuestra supervivencia, espero que sabrá perdonarnos. Adiós.

¿El techo se mueve o son ideas mías? No, el maître ha tenido que agacharse para pasar entre las columnas. ¿Columnas?... ¿o colmillos? ¡Oh Dios! El suelo se está moviendo. ¡Es una gigantesca lengua! Me parece que dentro de poco mi jefe tendrá noticias sobre nuevas desapari...